En la C/ Guillen de Castro y al lado del Museo de prehistoria de València, existe un paso de cebra en donde han colocado varios contenedores de residuos.
Es triste que un valenciano se sienta mal viviendo en su propia ciudad: pero se ha convertido en una ciudad incómoda para vivir, es sucia, huele mal y se ha convertido en un territorio salvaje, donde los vacíos legales permiten el descontrol total y saltarse la ley está a la orden del día sin que pase nada. Está una visión muy particular de alguien nacido en esta ciudad y que ha vivido una época maravillosa, donde pasear por Valencia era un placer y ahora voy con miedo.